El embarazo y, por ende, la llegada de un nuevo miembro de la familia y la comunidad, es un acontecimiento que impacta en forma variable en las diferentes parejas. Sin duda impacta en las parejas que por primera vez afrontan este proceso. Primero, por el hecho de reconocer como cierto que el fruto del amor de dos personas se convierte en un ser físicamente tangible, cuando los cambios físicos de la madre se hacen evidentes y más aún cuando se producen los movimientos fetales o la auscultación de los latidos del bebé, hombre o mujer. Esto nos indica que el nuevo ser en camino día a día ocupa mayor espacio dentro del cuerpo de su madre y que pronto ocupará un lugar en el hogar y en la sociedad. Las parejas que esperan su hijo o hija realizan actividades como acudir al control prenatal, prepararse para el parto, gestiones de financiamiento, exámenes de laboratorio, adecuaciones en el hogar, provisión de enseres. Pero muchas veces se descuida uno de los eslabones más importantes de toda esta cadena de sucesos: la preparación de la estrategia y logística del anhelado día en que sucederá el parto, esto es a lo que hemos llamado plan del parto. Plan paso a paso El plan de parto será, por supuesto, diferente de acuerdo a las características indivuduales de cada pareja y familia, a su realidad socio-cultural, económica, geográfica, rural o urbana, en donde tendrá lugar el parto. Los consejos que pueden servir para la mayor parte de casos se exponen a continuación: Tener verificada y establecida la FECHA PROBABLE DEL PARTO, con su rango de variación aproximada de más o menos dos semanas; es preferible, en el caso de las madres que viven en zonas desprovistas de atención profesional básica, que tomen las precauciones que les permitan viajar, con la suficiente anticipación, a zonas mejor atendidas. Identificar el INICIO DE LA LABOR DE PARTO; para ello hay varios signos y síntomas que se tomarán en cuenta como la disminución de los movimientos fetales (a veces imperceptible), la presencia de contracciones uterinas de duración e intensidad creciente y de intervalo cada vez menor, la expulsión de secreciones vaginales diferentes a las del resto del embarazo como son la presencia de moco con sangre o, incluso, el escurrimiento de líquido amniótico. Haber decidido el lugar donde se realizará el parto y sus posibles ALTERNATIVAS EN CASO DE EMERGENCIA o imprevistos; así como las futuras madres pueden acceder a centros de salud, maternidades, hospitales urbanos o rurales, clínicas privadas o profesionales, que garantizan un menor riesgo en la atención y mejores condiciones para el nacimiento del niño; el parto en el domicilio que implica alta frecuencia de muertes o complicaciones que determinan que nuestro país tenga un alto índice de trastornos cerebrales como la parálisis cerebral y otras discapacidades. Conocer previamente el sitio escogido para el parto, en caso de decidir no tener el parto en la casa, sus vías de transporte más expeditas y los requerimientos que piden para la admisión de pacientes. Tomar en cuenta el medio de transporte que será utilizado; hay que saber que un gran porcentaje de los partos ocurren en la noche, cuando los medios de transporte públicos son escasos o nulos. Tener el menaje apropiado para la madre y el bebé; el menaje deberá constar de útiles de aseo para la madre como cepillo dental, jabón neutro de preferencia sin perfume (para no romper el contacto sensorial que significa el reconocimiento del olor de la madre por parte de su hijo), cortauñas, peine o cepillo de pelo, por lb menos tres mudadas de saltos de cama, que más que vistosos deben ser muy práctios para adaptarse a la lactancia, y permitir descubrir ampliamente el pecho para favorecer el contacto de la boca y cara del bebé, que debe sentir el calor de la piel, el olor y escuchar los latidos de su madre a los cuales ha estado acostumbrado durante nueve meses; para él o ella son sinónimos de protección y seguridad. Es necesario también un par de pantuflas o zapatillas que le permitan una fácil y rápida colocación sin tener que agacharse. No deberá faltar una adecuada dotación de pañales maternales o paños de tela para las primeras horas del puerperio. Dentro del menaje del bebé, también deberá existir un buen número de pañales, varias mudadas de ropa (unas seis, de ser posible), un par de cobijitas (especialmente en la Sierra) y los útiles de aseo como jabón neutro, aceite, talco en caso de varones (contraindicado para las niñas, según algunos estudios, a menos que sean de origen vegetal), suero fisiológico, aplicadores de algodón (hisopos) y tijeras pequeñas o cortauñas apropiados para bebé. Preparar el ambiente para el regreso a casa de la madre y del hijo. Esto incluye contar con una habitación abrigada y limpia, con buena ventilación y una cunita que esté ligeramente más arriba del nivel de la cama de la madre para que permita una observación permanente del bebé. Es totalmente peligroso que el recién nacido duerma en la cama de los padres, debido a que estos por el cansancio propio de las primeras noches de sueño interrumpido pueden fácilmente sofocar o asfixiar al niño o a la niña, tan vulnerable en las primeras semanas de vida. También se requiere de una lencería mayor a la que utiliza la pareja sin hijos, debido a que la presencia de fluidos o secreciones (loquios) del puerperio implica cambios más frecuentes de ropa interior y ropa de cama. Se debe tomar en cuenta además, que el bebé lacta y hace sus necesidades fisiológicas aproximadamente cada tres horas, lo cual significa un cambio constante de pañales y ropa adecuada, así como un sitio para el lavado y secado de los mismos. Deberá contarse con los implementos de higiene personal de la madre que requiere de duchas vulvo-perineales y aseo de los senos y pezones varias vaces al día. Para el baño diario del o de la bebé, es necesario primero desterrar ciertas costumbres culturales de nuestro pueblo. Algunas personas, con el objeto de augurar un futuro con felicidad y fortuna a los niño, los baña en aguas de flores, joyas o monedas que pueden estar contaminadas con hongos, óxido, bacterias; ello puede causar infecciones (piodermitis) en la delicada piel del bebé. Finalmente, para las primersas semanas de vida del bebé es recomendable contar con la ayuda y asesoría de una madre experimentada. Ella reforzará los conocimientos teóricos adquiridos durante el embarazo y enseñará a confiar en el poder inimaginable del “instinto materna”. Además, deberá ayudar a garantizar una dieta adecuada para el puerperio y la lactancia, tomando en cuenta que en este período los requerimientos nutricionales de ciertyos grupos de alimentos son mayores que durante el embarazo. Si bien es cierto que el parto (por primera vez o incluso en partos sucesivos) puede causar angustia o temor, no debemos olvidar que es un proceso natural y maravilloso que nos da nueve meses para prepararnos y para que, llegado el momento, apoyados por una adecuada atención profesional, dejando de lado los temores, estemos en capacidad de disfrutar del milagro más grande y fabuloso de la amternidad que es la perpetuación de la especie humana y la grandeza de Dios reflejada en cada niña o niño que nacen.
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