DEBERES PARA CON LA PATRIA

La patria es la tierra donde nacimos, donde esperamos morir, y donde están enterrados nuestros padres, nuestros abuelos y nuestros demás ancestros, donde se levantan nuestros hijos, donde tenemos nuestros viejos amigos, donde trabajemos y ganemos el pan para vivir. En una palabra la Patria es como nuestra madre, y si ésta le debemos la vida, ella nos da la vida cívica, y por eso debemos honrarla y construir en todo instante a su engrandecimiento.

La honramos en sus símbolos principales, la bandera, el escudo y el himno nacional. La engrandecemos observando rigurosamente sus leyes; respetando a las autoridades legítimamente establecidas; prestando nuestro servicio militar; trabajando por su progreso; participando en las elecciones; pagando cumplidamente nuestros impuestos; atendiendo el llamado de su defensa en las horas de conflicto internacional cuidando de sus mares, sus ríos, sus bosques, montañas, monumentos y bellezas naturales; absteniéndonos de todo acto de depredación contra la flora y la fauna que vive y vegeta en su reino territorio; y en fin contribuyendo en la medida de nuestros recursos al sostenimiento de obras de cultura y de beneficencia.

Los símbolos de la patria exigen y merecen un tratamiento especial;

a)    Salvo en privado, el Himno Nacional debe escucharse siempre de pie, y los hombres con la cabeza descubierta y los brazos extendidos y pegados a lo largo del cuerpo. También puede ponerse la mano sobre el pecho de lado del corazón, mientras resuena sus acordes.

b)    El Escudo es de uso privado de las autoridades civiles, militares y judiciales. No está permitido usarlo a los particulares.

c)    La Bandera exige por su parte un tratamiento especialísimo, que debemos seguir con cuidado por respeto a la Patria de que ella es emblema. He aquí algunas reglas indispensables sobre el particular:

La Bandera puede ser enarbolada en cualquier día, pero entre la salida y la puesta del Sol. Sin embargo, en tiempo lluvioso, es preferible no hacerlo, a menos que se trate de un día de fiesta patriótica nacional que obligue a izarla.

La Bandera Nacional no puede ser usada elemento de publicidad, ni como decoración casera, o prendas de vestir y menos en los pantalones o pantalonetas deportivas así se trata del más popular de los deportes. En el caso de los deportistas, y en especial en el de los boxeadores, la enseña nacional solo podrá ser utilizada por los campeones en los cinturones o camisetas respectivas, jamás en las pantalonetas, de modo tal que el atleta puede ofenderla sentándose sobre sus colores, lo que construiría responsable irrespeto. Tampoco servirá como carpeta en una mesa puesta modo de mantel donde se puedan poner objetos encima.

Cuando la bandera se iza conjuntamente con otra, la de la patria deberá ir a la derecha y si las astas van cruzadas, la de ésta deberá ir por encima.

La Bandera será izada siempre con rapidez, y arriba lenta y solemnemente.

Cuando se trate de poner la Bandera a media asta por motivo de duelo, primero será izada hasta el tope, donde se mantendrá izada por un momento, y luego se colocará a media asta; y para arriarla del todo, primero se le izará hasta el tope y luego será arriada con solemne lentitud.

Si a Bandera es izada con otras en una misma cuerda, la de la Patria irá arriba en la parte superior. Si son izadas en mástiles diferentes, ésta ira en el medio, y será izada antes que las otras, y arriada al último.

En los barcos, la Bandera permanecerá siempre es la popa, desde las tres de la mañana hasta la puesta del Sol, pero también puede ser izada en el mástil, cuando el barco va de viaje.

Cuando cubre un féretro, la Bandera deberá ser retirada antes de bajar éste a la sepultura.

Jamás deberá ser colocada la Bandera como un simple trapo, colgada de un blanco o de una ventana. Si no se dispone de un mástil o de un asta-bandera, será mejor dejarla guardada. En los desfiles y procesiones, la Bandera Nacional ira al frente, en el punto central del más alto. Si otras banderas son portadas al mismo tiempo, la de la patria irá a la derecha, y si va en la línea, esta irá adelante a la derecha.

Cuando las banderas de barias naciones, ciudades o instituciones sean izadas en mástiles la nacional irá en un mástil central y más alto  que lo demás. Las otras banderas deberán ser de igual tamaño entre sí, y está prohibido, por ley internacional, que una bandera, salvo la nacional, sea izada a más altura que las otras.

En las iglesias, la Bandera Nacional irá al lado derecho del clérigo oficiante, y las demás a la izquierda.

En los automóviles, la Bandera será llevada en un pequeño mástil, sobre la defensa delantera del lado derecho, y éste deberá sobrepasar la altura del capó o cubierta del motor.

Cuando la Bandera pasa en un desfiles, el público debe permanecer quieto con las manos pegadas a las piernas, o también, si desea, con la mano derecha sobre el corazón. Los hombres se descubren la cabeza si la tienen cubierta.

Después de estas consideraciones, cabe decir que si de la Patria tanto recibimos y tanto le debemos; si en los días serenos y dichosos le manifestamos nuestro amor guardando sus leyes, obedeciendo a sus magistrados y contribuyendo a sus gastos, con tanta más razón debemos ponernos incondicionalmente a su servicio cuando sus fronteras o su seguridad exterior e interior, por cualquier causa, se hallen amenazadas. En esos momentos, la Patria contará con nuestros servicios, sin ilimitación ni reserva alguna y todo cuando poseemos, nuestra vida misma, le pertenece por entero.

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DEBERES PARA CON NOSOTROS MISMOS, NUESTROS FAMILIARES Y NUESTROS SEMEJANTES EN GENERAL

1.    Los hombres que viven en una sociedad civilizada no lo hacen para pelear y combatir entre sí, como en los tiempos primitivos, sino para auxiliarle unos a otros, haciendo así la vida más fácil y amable para todos. Nada hay por eso que impulse tanto al bienestar y el progreso de una nación como la sociedad entre sus habitantes, y para esto son indispensables la cortesía, las buenas maneras, la tolerancia y el trato gentil entre unos ha otros.

2.    Debemos por eso tolerar, respetar y honrar y, si es posible amar en el sentido cristiano, a nuestros semejantes y con más razón a nuestros compatriotas, y proceder siempre de la misma manera como nosotros desearíamos ser tratados por ellos. En una palabra, debemos hacernos amables, para poder ser amados y que de esta manera el principio cristiano de “amaos los unos a los otros”, pueda cumplirse plenamente en la práctica diaria.

3.    Si todos somos mal educados, irrespetuosos, egoístas y, en vez de ayudar, maltratamos a nuestros semejantes sin consideración a su edad y condición, y pretendemos siempre para nosotros el primer puesto o la mejor tajada, si cedemos fácilmente a los arranques de la ira o del mal genio, o perturbarnos, sin importarnos nada la tranquilidad, el silencio, el reposo o el sueño a que los demás tienen también derecho, si injerimos, denigrarnos y humillarnos a los otros como si fuéramos los amos del mundo, no seremos dignos de vivir en una sociedad civilizada y merecemos la universal reprobación. Con hombres así la convivencia diaria se hará ingrata y amarga, cuando no francamente imposible.

4.    Desde luego, es un deber de todo hombre culto respetar y ayudar a todos sus semejantes, aunque sea en los más pequeños detalles, pero con más razón debe serlo con las personas con quienes mantienen relaciones permanentes por razones de parentesco, amistad y trabajo. Nuestros padres y abuelos, ante todo, deben ser objeto de nuestras mejores atenciones o delicadezas, pues de ellos hemos recibido el don de la vida y dependemos moral y económicamente. Los hijos no saben, con frecuencia, lo mucho que para sus padres representan el detalle de una palabra afectuosa, un pequeño presente, a veces una simple sonrisa, como contraprestación a los innumerables sacrificios que ellos se imponen a su favor. Si lo superan, mayor sería la atención que les prestarían, y el respeto con que los honrarían, incluso hasta por interés, puesto que tratándose de padres a hijos, el rendimiento es del cierto por uno. Hijos groseros e irrespetuosos con sus padres, no pueden esperar más tarde para sí mismos, otro tratamiento de los suyos.

Mas no sólo nuestros padres, son también nuestros otros familiares: hermanos, primos, sobrinos, etc., con quienes debemos ser afectuosos, galantes y generosos. Familias y por desgracia en las que reina el alejamiento y la indiferencia, donde más es lo que considera a la parentela para criticarla o incluso para difamarla, que para cultivar su amistad y tenerla como aliada en la buena o mala fortuna. Creen muchos también que con una simple visita ocasional o con una invitación a una boda, o la asistencia a un bautizo, o a un funeral, ya se ha cumplido con los deberes a que la sangre nos obliga.

Algo peor, lo más frecuente es hallar que entre una y otra rama familiar existan emulaciones entre parientes cercanos que revelan, si no mala índole, por lo menos falta de autocontrol, o lo que es lo mismo, mala educación.

Si estas emulaciones entre parientes no fueran ya, de por si, una muestra de ridiculez o de perversidad, bastará considerar, para tener tal costumbre como detestable, que ellas son el pero ingrediente para la turbación de la paz familia, y en ocasiones, hasta para el oído y las malas pasiones entre los miembros de ésta.

Familias ha habido que han caído en el deshonor o destruido la fortuna común, incluso el poder político de que gozaban, o convertidos en el hazmerreír de las demás gentes, por no haber sido capaces de resistir la tentación de emular sobrepujar a otros miembros de ella, en cuanto a gloria, a poder o riqueza.

Una discreta tolerancia en cuanto a las ostentaciones o desplantes demás parientes, será la mejor muestra que los hombres, y sobre todo las mujeres, que son las más inclinadas a la rencilla por naturaleza, puedan dar de buena educación y de su corrección moral.

Las relaciones con nuestros amigos merecen particular atención; pero cuando decimos amigos, podemos referirnos, de modo general, a aquellos con quienes mantenemos relaciones superficiales o esporádicas por circunstancias de carácter conyugal.

Con estos últimos nos obligan deberes similares  a los que nos ligan con los demás semejantes, pero, como es apenas obvio, acentuados por la aproximidad, o a veces por el mismo interés otra cosa son los amigos que pueden llamarse “amigos de verdad”, aquellos a quienes nos hemos unido por afinidad de gustos, de diversiones y a veces hasta de tristezas, y con quienes departimos a diarios, o con gran frecuencia.

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