El aseo personal (3ra parte)

Otras costumbres desagradables consisten en rechinar los dientes, que es lo que se llama bruxitis, o hacer sonar las coyunturas de las manos. Ambos hábitos, en que a veces se incurre inconscientemente, deben ser controlados y enviados como muestra que son de mala educación.

Contrario igualmente a la higiene y a la buena educación es el humedecerse el dedo índice y pulgar para voltear las páginas de un libro, o de un periódico, o para separar varios papeles entre sí; o, algo peor aún para contar billetes o los naipes. Ciertamente en los climas muy secos esta operación resulta a veces difícil y engorrosa, pero para ello existen almohadillas impregnadas de agua, que facilitan dicha labor.

Un hombre o una mujer bien educados jamás deben salir de casa desprovistos de un pañuelo, y si es posible, de dos. El pañuelo es, por esencial, el auxiliar ideal de la buena educación, porque disimula y hace menos desagradables algunos actos que no por necesarios y naturales dejan de ser desagradables para las personas que nos rodean, como estornudar o sonarnos las narices. El nos evitará tener que llevarnos la mano en esos casos a la boca o a la nariz, con lo que la mano quedará deseada. Eructar, emitir gases intestinales y escupir en público, son también actos altamente cochinos y reprobables.

El Eructo ruidoso, sobre todo si tiene lugar en la mesa, es signo de ordinariez sanchopancesca, jamás aceptado entre gentes finas y bien educadas, y el que se encuentra en la necesidad inevitable de incurrir en tales actos deberá hacerlo de modo tan discretos que sus contertulios no lleguen a percibirlos.

Ciertamente el eructar ruidosamente no daña a nadie, ni tiene más defecto que el de darnos patente de groseros; pero el acto de escupir en público y en cualquier parte, puede eventualmente constituir una amenaza para la higiene, por la trasmisión de gérmenes patógenos.

En esta contribuye asquerosa no debemos jamás incurrir y en caso de absoluta necesidad la persona que en ese trance se hallare, deberá pedir permiso a los circunstantes para apartarse y acudir con algún pretexto al servicio del aseo de la casa. El que habiendo sufrido fuerte catarro o gripe, con inflamación de los bronquios, continuar esperando por algunos días después de haberse recuperado.

Valdrá más que se quede en casa (si las circunstancias se lo permiten, claro está) hasta que cese el flujo bronquial. Siendo esto imposible el catarro deberá rehuir los actos sociales, hasta que haya convalecido totalmente.

Y en, todo caso, procurará que la necesidad de escupir y de expectorar tenga evasión en algún lugar discreto, y si es posible donde nadie lo vea, o en el gabinete higiénico de la casa o edificio donde se encuentre pero jamás deberá usarse el pañuelo para esa acción, a no ser que se trate pañuelos de papel desechable, de los que luego se buscaran la manera de desembarazarse, sin arrojarlos al piso, desde luego.

Todo esto es particularmente recomendable en el caso de las personas del sexo femenino. La mujer que escupe produce una horrible sensación que eclipsa y echa por tierra sus mejores atractivos y encantos.

Popularity: 1%

El Aseo personal (2da parte)

Las uñas bien cuidadas son algo que revela inmediatamente la calidad e una persona. Mantenerlas bien recortadas, muy limpias y si es posible pulidas, es costumbre reveladora de una buena educación y de pulcritud en los hábitos. Ellas deben por lo tanto ser examinadas con atención al momento de vestirnos en la mañana, para hacer su limpieza hasta dejarlas perfectamente aseadas; pero con fáciles de ensuciar, habrá que observarlas a menudo durante el día para limpiarlas de nuevo, si fuere necesario.

Ahora bien, es un acto que no debe ejecutarse en público, ni mucho menos cuando hablamos con otra persona, como es frecuente. Es una buena y bella costumbre la de barnizarse las unas de las manos, y, en el caso de las mujeres, no solamente no solamente de las manos sino de los pies; pero solo es admisible en estas, pues los hombres resulta afeminado y un poco ridículo barnizarse las uñas de las manos, aunque se haga con un barniz transparente, como algunos acostumbran. Pero una mujer discreta y elegante no usará jamás lacas de colores extravagantes, por más que los fabricantes de este producto las anuncien como moda del día.

En cualquier caso, la limpieza exterior de las uñas es indispensable, pues si estas son detestables cuando están sucias sin barniz exterior, con mucha más razón los serán estando barnizadas si dejan percibir el sucio que hay debajo de ellas. Igual cuidado deben tener los fumadores empedernidos para que no se les vean los dedos y las uñas amarillentas por el abuso de la nicotina, cosa que aparece como repúgnate para los demás.

Por muy elegantes que algunos les parezca y por muy cuidadas que se hallen, las uñas no deben dejarse crecer excesivamente. La mujer que esto hace adquiere un aire de vampiresa cinematográfica que riñe con la discreción de las personas que son bien educadas; y desde luego, también lo está el dejarse crecer de modo extraordinario, como a veces sucede, las uñas del dedo pulgar o las del meñique, como si se tratara de guitarristas profesionales.

Costumbre frecuente, pero muy responsable en todos los aspectos, es la de la onicofagia o sea la manía de recostarse y aun comerse las uñas con los dientes. Con ella no sólo ofrecemos a los demás un espectáculo poco grato, sino que ponemos en peligro nuestra salud, por razones obvias, siendo la mano el vehículo transmisor de gérmenes patógenos por excelencia.

Hay siquiatras y médicos que explican o tratan de explicarse este hábito con argumentos seudocientíficos, atribuyéndolos a carencia de calcio en el organismo; a causas nerviosas, ajenas a la voluntad del onicófago; pero lo cierto es que comience las uñas y el acto ingrato para los demás y muy principal para el que adquiere este hábito, porque termina por deformarle los dedos.

Popularity: 1%

El aseo personal (parte 1)

El Aseo en nuestra persona es regla básica de la buena educación, que obliga a ricos y a pobres, y nunca dejaremos de dedicarle el tiempo que sea necesario a esta terea, por grande y urgente que sean los negocios y obligaciones a que estemos, consagrados. Para comenzar, digamos que nunca debemos entrar en la cama sin asearnos.

El baño completo del cuerpo y la limpieza de la boca son hábitos recomendables para antes de entregarnos al sueño, que así se hace más responsable.

Para los colegiales y las personas que trabajan, esta costumbre nocturna tiene la ventaja de que ahorra tiempo en la tolette matinal y permite extender y permite extender aunque sea por algunos minutos, el agradable sueño de la mañana; pero los que no practican el baño y la limpieza oral en las horas de la noche, deberán hacer ambas cosas, indefectiblemente, en las de la mañana, a penas salgan de la cama, comenzando por la limpieza de la boca, que debe repetirse por la mañana aun que se haya practicado por la noche.

El baño diario y general, con jabón, de todo el cuerpo, es una práctica esencial para la conservación de la salud y para evitar o mitigar los malos olores que el cuerpo humano suele generalmente emitir, así como para obtener esa grata sensación de frescura que estimula la alegría de vivir y que sólo el agua y la limpieza suelen comunicar.

Muchas personas creen que basta con bañarse el cuerpo una sola vez a la semana par a cumplir con las leyes del aseo, pero en los países cálidos, o en los templos, durante la estación del verano, tal práctica es insuficiente y tiene además la desventaja de de que no hace hábito rutinario, como sí ocurre con el baño cotidiano, con lo que muchas veces se pasan no una, sino varias semanas sin que el cuerpo reciba los beneficios higiénicos de una limpieza en general.

En esta manera es mucho, por cierto lo que la humanidad ha progresado desde los tiempos famosos en que se pensaba que “la cáscara guarda al palo”, o sea que se creía que el baño era perjudicial para la salud; pero aunque todavía falta bastante para llegar a la perfección, en los tiempos modernos sabemos bien que la limpieza, la higiene y aún la asepsia, son las claves de la buena salud.

En muchos países perdura el hábito, que se considera más placentero, de bañarse en tinas o bañeras, doce se sumerge el cuerpo, casi totalmente, para allí jabonarse y friccionarlo; pero nosotros consideramos que desde el punto de vista higiénico la ducha es muy superior y más recomendable, no solo por sencillez y menor costo de instalación, sino porque este es el único modo como nuestro cuerpo no vuelve a tener contacto con la misma impureza que con el baño se pretende eliminar.

Las tinas o bañeras exigen a su vez, una limpieza perfecta, si queremos que nuestro baño en ellas sea de verdad saludable; y como, por otra parte, es imposible que en cada casa haya una tina para cada persona, resulta fácil comprender que este género de baño es poco o nada higiénico. Y ni qué hablar tenemos del uso de la tina o bañera en los hoteles y lugares públicos, donde lo más probable es que en vez de elemento para la limpieza y la higiene personal, ellas no sean más que difusoras de enfermedades contagiosas, en ocasiones graves.

No debe olvidarse el cuidado y limpieza de las orejas y de los oídos, que como pocas partes del cuerpo, y a causa de su formación irregular, están sujetos a la acumulación de polvo y otras materias, entre las cuales la cera que el oído medio exuda normalmente a modo de defensa para lo dicho órgano.

Las gárgaras; la limpieza escrupulosa de la dentadura, incluyendo las encías, que deben friccionarse enérgicamente con el cepillo al levantarnos por la mañana, y si es posible cada el cepillo al levantarnos por la mañana, y si es posible cada vez que nos levantemos de la mesa; el cuidado del cabello, que nunca debe aparecer desgreñado, sino peinado correctamente, son asimismo hábitos básicos de toda persona bien educada que desea mantenerse en salud y disponerse a sus actividades diarias bien presentada ante los demás.

Hay que lavarse las manos varias veces durante el día y en particular antes y después de cada comida, así como cada vez que tengamos motivos para sospechar que hemos tocado objeto alguno capaz de trasmitir enfermedades.

Popularity: 2%

DEBERES PARA CON NOSOTROS MISMOS, NUESTROS FAMILIARES Y NUESTROS SEMEJANTES EN GENERAL

1.    Los hombres que viven en una sociedad civilizada no lo hacen para pelear y combatir entre sí, como en los tiempos primitivos, sino para auxiliarle unos a otros, haciendo así la vida más fácil y amable para todos. Nada hay por eso que impulse tanto al bienestar y el progreso de una nación como la sociedad entre sus habitantes, y para esto son indispensables la cortesía, las buenas maneras, la tolerancia y el trato gentil entre unos ha otros.

2.    Debemos por eso tolerar, respetar y honrar y, si es posible amar en el sentido cristiano, a nuestros semejantes y con más razón a nuestros compatriotas, y proceder siempre de la misma manera como nosotros desearíamos ser tratados por ellos. En una palabra, debemos hacernos amables, para poder ser amados y que de esta manera el principio cristiano de “amaos los unos a los otros”, pueda cumplirse plenamente en la práctica diaria.

3.    Si todos somos mal educados, irrespetuosos, egoístas y, en vez de ayudar, maltratamos a nuestros semejantes sin consideración a su edad y condición, y pretendemos siempre para nosotros el primer puesto o la mejor tajada, si cedemos fácilmente a los arranques de la ira o del mal genio, o perturbarnos, sin importarnos nada la tranquilidad, el silencio, el reposo o el sueño a que los demás tienen también derecho, si injerimos, denigrarnos y humillarnos a los otros como si fuéramos los amos del mundo, no seremos dignos de vivir en una sociedad civilizada y merecemos la universal reprobación. Con hombres así la convivencia diaria se hará ingrata y amarga, cuando no francamente imposible.

4.    Desde luego, es un deber de todo hombre culto respetar y ayudar a todos sus semejantes, aunque sea en los más pequeños detalles, pero con más razón debe serlo con las personas con quienes mantienen relaciones permanentes por razones de parentesco, amistad y trabajo. Nuestros padres y abuelos, ante todo, deben ser objeto de nuestras mejores atenciones o delicadezas, pues de ellos hemos recibido el don de la vida y dependemos moral y económicamente. Los hijos no saben, con frecuencia, lo mucho que para sus padres representan el detalle de una palabra afectuosa, un pequeño presente, a veces una simple sonrisa, como contraprestación a los innumerables sacrificios que ellos se imponen a su favor. Si lo superan, mayor sería la atención que les prestarían, y el respeto con que los honrarían, incluso hasta por interés, puesto que tratándose de padres a hijos, el rendimiento es del cierto por uno. Hijos groseros e irrespetuosos con sus padres, no pueden esperar más tarde para sí mismos, otro tratamiento de los suyos.

Mas no sólo nuestros padres, son también nuestros otros familiares: hermanos, primos, sobrinos, etc., con quienes debemos ser afectuosos, galantes y generosos. Familias y por desgracia en las que reina el alejamiento y la indiferencia, donde más es lo que considera a la parentela para criticarla o incluso para difamarla, que para cultivar su amistad y tenerla como aliada en la buena o mala fortuna. Creen muchos también que con una simple visita ocasional o con una invitación a una boda, o la asistencia a un bautizo, o a un funeral, ya se ha cumplido con los deberes a que la sangre nos obliga.

Algo peor, lo más frecuente es hallar que entre una y otra rama familiar existan emulaciones entre parientes cercanos que revelan, si no mala índole, por lo menos falta de autocontrol, o lo que es lo mismo, mala educación.

Si estas emulaciones entre parientes no fueran ya, de por si, una muestra de ridiculez o de perversidad, bastará considerar, para tener tal costumbre como detestable, que ellas son el pero ingrediente para la turbación de la paz familia, y en ocasiones, hasta para el oído y las malas pasiones entre los miembros de ésta.

Familias ha habido que han caído en el deshonor o destruido la fortuna común, incluso el poder político de que gozaban, o convertidos en el hazmerreír de las demás gentes, por no haber sido capaces de resistir la tentación de emular sobrepujar a otros miembros de ella, en cuanto a gloria, a poder o riqueza.

Una discreta tolerancia en cuanto a las ostentaciones o desplantes demás parientes, será la mejor muestra que los hombres, y sobre todo las mujeres, que son las más inclinadas a la rencilla por naturaleza, puedan dar de buena educación y de su corrección moral.

Las relaciones con nuestros amigos merecen particular atención; pero cuando decimos amigos, podemos referirnos, de modo general, a aquellos con quienes mantenemos relaciones superficiales o esporádicas por circunstancias de carácter conyugal.

Con estos últimos nos obligan deberes similares  a los que nos ligan con los demás semejantes, pero, como es apenas obvio, acentuados por la aproximidad, o a veces por el mismo interés otra cosa son los amigos que pueden llamarse “amigos de verdad”, aquellos a quienes nos hemos unido por afinidad de gustos, de diversiones y a veces hasta de tristezas, y con quienes departimos a diarios, o con gran frecuencia.

Popularity: 11%

DEBERES PARA CON PATRIA

Normal 0 false false false EN-US X-NONE X-NONE MicrosoftInternetExplorer4 /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:”Tabla normal”; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:”"; mso-padding-alt:0in 5.4pt 0in 5.4pt; mso-para-margin-top:0in; mso-para-margin-right:0in; mso-para-margin-bottom:10.0pt; mso-para-margin-left:0in; line-height:115%; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:”Calibri”,”sans-serif”; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin;} La patria es la tierra donde nacimos, donde esperamos morir, y donde están enterrados nuestros padres, nuestros abuelos y nuestros demás ancestros, donde se levantan nuestros hijos, donde tenemos nuestros viejos amigos, donde trabajemos y ganemos el pan para vivir. En una palabra la Patria es como nuestra madre, y si ésta le debemos la vida, ella nos da la vida cívica, y por eso debemos honrarla y construir en todo instante a su engrandecimiento. La honramos en sus símbolos principales, la bandera, el escudo y el himno nacional. La engrandecemos observando rigurosamente sus leyes; respetando a las autoridades legítimamente establecidas; prestando nuestro servicio militar; trabajando por su progreso; participando en las elecciones; pagando cumplidamente nuestros impuestos; atendiendo el llamado de su defensa en las horas de conflicto internacional cuidando de sus mares, sus ríos, sus bosques, montañas, monumentos y bellezas naturales; absteniéndonos de todo acto de depredación contra la flora y la fauna que vive y vegeta en su reino territorio; y en fin contribuyendo en la medida de nuestros recursos al sostenimiento de obras de cultura y de beneficencia. Los símbolos de la patria exigen y merecen un tratamiento especial; a) Salvo en privado, el Himno Nacional debe escucharse siempre de pie, y los hombres con la cabeza descubierta y los brazos extendidos y pegados a lo largo del cuerpo. También puede ponerse la mano sobre el pecho de lado del corazón, mientras resuena sus acordes. b) El Escudo es de uso privado de las autoridades civiles, militares y judiciales. No está permitido usarlo a los particulares. c) La Bandera exige por su parte un tratamiento especialísimo, que debemos seguir con cuidado por respeto a la Patria de que ella es emblema. He aquí algunas reglas indispensables sobre el particular: La Bandera puede ser enarbolada en cualquier día, pero entre la salida y la puesta del Sol. Sin embargo, en tiempo lluvioso, es preferible no hacerlo, a menos que se trate de un día de fiesta patriótica nacional que obligue a izarla. La Bandera Nacional no puede ser usada elemento de publicidad, ni como decoración casera, o prendas de vestir y menos en los pantalones o pantalonetas deportivas así se trata del más popular de los deportes. En el caso de los deportistas, y en especial en el de los boxeadores, la enseña nacional solo podrá ser utilizada por los campeones en los cinturones o camisetas respectivas, jamás en las pantalonetas, de modo tal que el atleta puede ofenderla sentándose sobre sus colores, lo que construiría responsable irrespeto. Tampoco servirá como carpeta en una mesa puesta modo de mantel donde se puedan poner objetos encima. Cuando la bandera se iza conjuntamente con otra, la de la patria deberá ir a la derecha y si las astas van cruzadas, la de ésta deberá ir por encima. La Bandera será izada siempre con rapidez, y arriba lenta y solemnemente. Cuando se trate de poner la Bandera a media asta por motivo de duelo, primero será izada hasta el tope, donde se mantendrá izada por un momento, y luego se colocará a media asta; y para arriarla del todo, primero se le izará hasta el tope y luego será arriada con solemne lentitud. Si a Bandera es izada con otras en una misma cuerda, la de la Patria irá arriba en la parte superior. Si son izadas en mástiles diferentes, ésta ira en el medio, y será izada antes que las otras, y arriada al último. En los barcos, la Bandera permanecerá siempre es la popa, desde las tres de la mañana hasta la puesta del Sol, pero también puede ser izada en el mástil, cuando el barco va de viaje. Cuando cubre un féretro, la Bandera deberá ser retirada antes de bajar éste a la sepultura. Jamás deberá ser colocada la Bandera como un simple trapo, colgada de un blanco o de una ventana. Si no se dispone de un mástil o de un asta-bandera, será mejor dejarla guardada. En los desfiles y procesiones, la Bandera Nacional ira al frente, en el punto central del más alto. Si otras banderas son portadas al mismo tiempo, la de la patria irá a la derecha, y si va en la línea, esta irá adelante a la derecha. Cuando las banderas de barias naciones, ciudades o instituciones sean izadas en mástiles la nacional irá en un mástil central y más alto que lo demás. Las otras banderas deberán ser de igual tamaño entre sí, y está prohibido, por ley internacional, que una bandera, salvo la nacional, sea izada a más altura que las otras. En las iglesias, la Bandera Nacional irá al lado derecho del clérigo oficiante, y las demás a la izquierda. En los automóviles, la Bandera será llevada en un pequeño mástil, sobre la defensa delantera del lado derecho, y éste deberá sobrepasar la altura del capó o cubierta del motor. Cuando la Bandera pasa en un desfiles, el público debe permanecer quieto con las manos pegadas a las piernas, o también, si desea, con la mano derecha sobre el corazón. Los hombres se descubren la cabeza si la tienen cubierta. Después de estas consideraciones, cabe decir que si de la Patria tanto recibimos y tanto le debemos; si en los días serenos y dichosos le manifestamos nuestro amor guardando sus leyes, obedeciendo a sus magistrados y contribuyendo a sus gastos, con tanta más razón debemos ponernos incondicionalmente a su servicio cuando sus fronteras o su seguridad exterior e interior, por cualquier causa, se hallen amenazadas. En esos momentos, la Patria contará con nuestros servicios, sin ilimitación ni reserva alguna y todo cuando poseemos, nuestra vida misma, le pertenece por entero.

Popularity: 11%

Deberes para con Dios

Hombre inculto no intentará jamás elevar su pensamiento más allá de las circunstancias materiales que lo rodean y que las exigencias materiales que lo rodean y de las exigencias inmediatas que la vida le impone; pero un hombre civilizado tendrá siempre, cada día en medio de las mayores agitaciones su existencia aunque sea un minuto disponible para recogerse interiormente y elevar su alma al Creador en actitud de gratitud o de súplica.

Por lo tanto en una sociedad cristiana y civilizada, el deber primero de sus integrantes debe ser elevar su mente hacia Dios, a mañana y noche, por medio de alguna oración mental o memorizada(o como su corazón se lo inspire espontáneamente) para dar gracias a Dios por los beneficios de El recibidos durante el día o la noche que acaban de pasar, o por lo que se esperan en adelante, y muy particularmente por el de la salud y la vida, y por pertenecer a una familia, por tener una patria y por vivir en un mundo lleno de maravillas. Aunque no seamos católicos, ni protestante ni pertenezcamos a religión o secta alguna, esta sencilla práctica diaria ennoblecerá a quien ella lo ejercite, y lo hará más apto para vivir en sociedad.

Por aquí comenzará lo que se llama tener una buena educación. Lógicamente, esta actitud de adoración al Ser Supremo deberá traducirse, en la vida diaria, en una conducta de respeto hacia las ideas y las prácticas religiosas de los demás, así como de consideración para quienes, por ocuparse del culto a la Divinidad, lleva la investidura sacerdotal.

La buena educación es por este motivo opuesta en principio a toda discusión o polémica sobre temas religiosos, como no sean llevadas por lo alto, desde la cátedra, todas manifestaciones de animosidad, y con mayor razón de burla contra los representantes de las distintas religiones y sectas no contrarias a la moral.

En esta manera, lo indicado para la generalidad de los jóvenes es guardar respetuosa distancia y discreto silencio, dejando la discusión de asuntos tan complejos para las personas verdaderamente ilustradas sobre el particular. No deberá olvidarse cuando de asuntos religiosos, se trata que es preferiblemente callar lo que sabemos, a exhibir nuestra ignorancia.

Popularity: 6%