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¡Que barbaridad! mi hijo ya fuma

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No es raro que los adolescentes intenten utilizar el tabaco para cubrir ciertas necesidades y para enfrentar ciertas situaciones que les causan desasociego como por ejemplo, ser ser aceptado por el grupo de amigos, definir su imagen de “chicos grandes” “independientes” y hasta de hombres de éxito, un eslogan utilizado por las campañas de algunas empresas tabacaleras.

Además, como se ha generalizado la idea de que la nicotina estimula la concentración que a veces tanto les cuesta al adolescente conseguirla, la nicotina estimula; que también relaja en estados nerviosos o de enfado, típicos igualmente en los jóvenes, permitiendo de esta manera el desarrollo de cierta habilidad de autocontrol.

Si un joven decide ir a un lugar público, por ejemplo, la discoteca, dependerá de su cigarrillo para sentirse mucho más seguro a más de que aparentará mayor edad, le será más fácil entrar a estos lugares y ser aceptado por los chicos y chicas mayores que él. Algunas chicas creen que fumar les ayudará a estar más delgadas, cuando el peso depende de otros factores.

Afrontar el problema
Cuando los padres descubren que su hijo fuma, muchas veces tienen miedo a ser demasiado autoritarios y que se rompa la buena relación familiar. El dilema es mayor cuando es el propio hijo el que se lo confiesa. “Ante esta muestra de confianza, ¿cómo vamos a prohibírselo?”, dice una madre.

Según la psicóloga Dolores Marín, prohibirles que fumen no es adecuado, pues algunos lo hacen precisamente para transgredir la norma. Afronta el tema abiertamente. Se ha demostrado que en las familias que hablan sobre ello, a la larga sus hijos fuman menos o acaban por dejarlo.

El hecho de argumentar, discutir y contrastar opiniones no tiene por qué alejarlos. Les importa mucho lo que pensamos, aunque no lo demuestren.

Padres fumadores
Los padres fumadores no han perdido por ello el derecho a argumentar. Precisamente porque han pasado por esta experiencia, deben evitar que su hijo también caiga en ella. Es positivo admitir que la nicotina te tiene enganchado. Según Dolores Marín, “los padres fumadores pueden llegar a educar mejor para prevenir el tabaco porque los hijos viven en casa los efectos nocivos”. De todos modos, intentar dejarlo es el mejor ejemplo.

Los jóvenes y el tabaco
La edad media del primer cigarrillo se sitúa en los 13,5 años.
22% no lo ha probado.
38% lo ha probado y no fuma.
5% lo ha probado y fuma esporádicamente.
35% lo ha probado y fuma a diario.

¿Qué podemos decirles?
La psicóloga Rosa Mª Suárez, propone algunas medidas:
No niegues el problema; habla con él seriamente pero sin broncas.Explícale el alto poder adictivo de la nicotina: no empezar a fumar es más fácil que dejarlo.
Limita su uso : acuerden que no fume en casa. Proponle que “intente controlar” y no fumar durante 15 días para que él mismo se dé cuenta de que el tabaco “lo controla a él”, y no al revés.
Enfócalo de forma positiva: no acuses a sus amigos, ni le recrimines que dependa del tabaco para pasárselo bien -eso le dolería y provocaría el rechazo-. Enséñale que aún es capaz de afrontar situaciones difíciles por sí mismo. Cuenten juntos cuánto dinero se gasta. Insiste cuando lo creas conveniente, pero busca un momento tranquilo para hablar y, sobre todo, para escuchar.