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¿Es suficiente el amor para que dure un matrimonio?

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El amor es la harina para hacer el pastel, los cimientos de un edificio, el suelo en el que se cultivan las flores de un jardín. Sin amor no puede existir un matrimonio que dure ¿verdad?  La respuesta nos da Valentina Ibeachum, una experta en relaciones humanas que vive en Londres, Inglaterra, y que luego de años de aconsejar y brindar terapias a las parejas ha publicado exitosos libros que no son una recolección de teorías psicológicas, sino de principios prácticos y consejos que le ayudaron a ella misma en su matrimonio.

Dos de esos libros: ‘10 días hacia un matrimonio más feliz’ y ‘70 preguntas que necesita hacer para salvar su matrimonio’, se han convertido en bestsellers.

Dice esta experta que aunque parezca algo obvio, la mayoría de las personas a las que se les pregunta qué significa para ellas el amor, tiene mucha más dificultad de la pensada para contestar algo que es parte de la vida misma.

“Cuando pregunté a una pareja de amigos qué significaba para ellos el amor, su respuesta me dejó perpleja pues se trata de adultos contemporáneos, educados y muy al día en todo. ‘Es eso que te hace sentir mariposas en el estómago’, contestaron con cara de niños traviesos. Dos semanas más tarde su relación había terminado”, cuenta Valentina.

Y añade que una persona que no pudo darse cuenta de que el objeto de su afecto estaba a punto de salir corriendo gracias a un desbalance químico entre los dos, terminó por divorciarse hace dos años y todavía no logra comprender la razón por la que el matrimonio se fue al traste.

En su análisis anota que la pregunta primordial a hacerse es ¿a dónde se fue el amor de esas parejas que se separaron o se divorciaron? “Todas ellas creyeron sinceramente que estaban enamoradas y probablemente lo estuvieron, pero sus relaciones terminaron en divorcio.

¿A dónde se fue el amor? ¿Qué es un verdadero amor? ¿Y cómo reconocerlo cuando se lo posee? ¿Acaso el amor verdadero está destinado a desvanecerse con el tiempo o cuando otra personas aparece en su vida?”, según Valentina y a continuación nos ofrece un análisis que a muchos pudiera dejarnos con la boca abierta. Para ella, mucho de aquello se origina en que hemos sido programados a lo largo de los años para pensar de manera distinta. Los anuncios en la televisión, las películas, los libros…

Todo se han juntado para configurar una visión que es totalmente diferente a la de los valores que se seguían en el pasado. “Lo no convencional ahora se ha convertido en la norma, de manera que algunas de las cosas que digo se verán como controversiales porque van en contra de lo que ahora es considerado como normal. Pero si somos realmente honestos con nosotros mismos (muchos encuentran esto muy difícil de lograr), aceptaremos las tasas actuales de divorcio que demuestran que las cosas no son tan buenas como deberían ser.

Las relaciones se desintegran todo el tiempo. Si ahora somos tan conocedores de todo ¿por qué las relaciones no son mejores que antes? ¿Por qué son peores? Según las estadísticas de los Estados Unidos, por ejemplo, uno de cada dos matrimonios termina en divorcio. Si las comparamos con las de hace 60 años se podrán ver diferencias abismales en las mismas”, asegura Valentina.

Y añade que a mucha gente no le gusta aceptar que los medios juegan una parte importante en moldear la percepción de la gente, las actitudes, los comportamientos y lo que se escoge para la vida. “Creo que intencionalmente han decidido cerrar sus ojos a las miles de mujeres que cambian su vestuario o su estilo de cabello para parecerse a cierta celebridad.

Seguramente no leyeron el estudio hecho con mujeres que dijeron que empezaron a tener relaciones sexuales casuales más a menudo luego de mirar un show de televisión muy popular que describía a algunas mujeres solteras que activamente se involucraban en varios encuentros sexuales casuales.

Tampoco se dan cuenta de cuántos hombres y mujeres jóvenes se visten como los actores de MTV… Como lo dijera aquella sabia persona: ‘quien controla el lenguaje controla la cultura’. Como resultado de ello, mucha gente ya no está segura de saber qué mismo es el amor”, concluye la autora.

Por otra parte, unos investigadores australianos han encontrado el remedio para que una pareja se mantenga unida y es algo que va mucho más allá de estar enamorados. Por ejemplo, la edad de la pareja, las relaciones anteriores y hasta el hecho de que fumen o no son factores que influyen en la duración del matrimonio, según el estudio llevado a cabo por  los investigadores de la Universidad Nacional Australiana, titulado ‘What’s Love Got To Do With It’ (qué tiene que ver el amor con esto).

Realizado a través de consultas a 2 500 parejas casadas o que vivían juntas desde  2001 hasta  2007 para poder identificar los factores asociados a aquellos que siguieron juntos y a quienes se divorciaron o separaron, el estudio llegó a la conclusión de que un marido que es nueve o más años mayor que su mujer está dos veces más dispuesto a divorciarse, al igual que aquellos hombres que se casan antes de los 25 años.

Otro de los factores de influencia en la duración del matrimonio son los hijos, habiéndose separado una quinta parte de aquellas parejas que habían tenidos hijos antes del matrimonio, tanto de una relación anterior como con la misma pareja, frente a tan solo el 9% de quienes no tuvieron hijos antes del matrimonio.

Se determinó que las mujeres que quieren reproducirse mucho más que sus parejas son proclives a querer el divorcio.

Los progenitores de la pareja también juegan un papel en la relación, el estudio demostró que el 16% de los hombres y mujeres cuyos padres se habían divorciado o separado hacían lo mismo, frente a un 10% de los hijos de parejas no separadas. Asimismo, las parejas que están en su segundo o tercer matrimonio tienen un 90% más de probabilidades de divorciarse que una pareja en la que para ambos se trata del primer matrimonio.

También el dinero, aunque no sea una sorpresa, aporta su granito de arena; 16% de los encuestados que habían declarado ser pobres o que no tenían empleo, se había separado, mientras que las parejas solventes financieramente solo se habían separado en el 9% de los casos.