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Aproveche las travesuras de su hijo

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travesurasAl mirarlo plácidamente dormido, con su indudable cara de ángel, nadie pensaría que tan solo unas pocas horas antes, Danielito casi inunda la casa luego de haber abierto la llave del lavabo de la cocina, para lo cual tuvo que subirse en un alto taburete del que si caía podría haber resultado mal herido. 
Sus padres, desesperados, ya no saben qué hacer para que su pequeño de tres años y medio cumpla con sus instrucciones de no prender ningún artefacto eléctrico, no poner los dedos dentro de los enchufes y, por supuesto cerrar las llaves de agua que abre.

Según los expertos, a pesar de las múltiples advertencias paternas, los niños de tres y cuatro años están ampliamente capacitados para intentar un sinfín de actividades sin pensarlo siquiera porque su sentido del juicio todavía no se ha desarrollado bien. Aun cuando les repitan una y otra vez que tal o cual cosa no
la pueden hacer, su curiosidad sobrepasa una intención de obediencia y su sentido del bien y del mal. Sus crecientes habilidades físicas y su activa imaginación suelen ser una combinación peligrosa.

Disciplina o perdón
A pesar de que no es el fin del mundo si el niño arroja todo el cereal de la caja para ver si encuentra una sorpresa o premio, no todas las travesuras son tan inofensivas como ésta.

Cuando Diego Francisco de cuatro años lanzó una piedra a un carro que pasaba (que afortunadamente no llegó a su destino), su madre se puso furiosa como era de esperarse y lo castigó. Pero el niño se quedó boquiabierto porque lo castigaban por algo que él no sabía que era erróneo y esto lo confundió mucho. Por
eso, es tan importante que los padres se preocupen mucho más de enseñar las cosas a sus hijos antes de castigarlos cuando ellos hacen algo que no sabían que era incorrecto.

Firmemente se debe decir no a cualquier intento de acciones que puedan causar daño y, además, se pueden ejercitar cierto tipo de conversaciones con los niños para que ellos empiecen a crear una conciencia de lo que se puede y debe hacerse y de lo que no se puede y por tanto no debe hacerse. Hacer cierto tipo de preguntas ayuda mucho. Por ejemplo, en este caso, la madre pudo haberle preguntado
primero, antes de castigarle, qué pensaba él sobre lo que habría sucedido si la piedra hubiese alcanzado al carro y le podría haber explicado mejor que hay otras cosas que se pueden lanzar como un ejercicio o un juego: la pelota, un frisbee, etc.

A más de ello, los expertos recomiendan que los padres pongan a un lado su frustración ante este tipo de situaciones y perdonen a los niños.

Susana comentaba la rabia que experimentó cuando su hija Tamara de tres años se escondió en el closet de su dormitorio, tomó una fina colonia y se bañó con ella. Pero era difícil castigar a la niña cuando ella comentó que solamente quería oler tan bien como su mamá. Todo lo que pudo decirle es que no  lo
hiciera nuevamente y explicarle que era una suerte que no se hubiera echado la colonia en los ojos pues se habría hecho daño.

Claro que esto no significa que se permita que los niños hagan cualquier cosa y no sean debidamente amonestados por sus diabluras.

Si su hijo o hija pinta con marcadores o crayones las paredes de la sala o los muebles del comedor, es totalmente apropiado decirle que está muy mal lo que ha hecho y no dejar que utilice sus pinturas por una semana y que en adelante no las podrá usar a menos que un adulto esté cerca, como una manera de hacerle sentir su comportamiento equivocado bien que ha merecido una amonestación.

Espere lo inesperado
Saber dónde se encuentran y qué están haciendo sus hijos pequeños es algo vital en todo momento. Hay un viejo refrán que dice que debemos preocuparnos si no escuchamos que los niños estén haciendo algún ruido y de verdad esto es muy sabio.

Se evitarán muchos problemas si mantenemos una vigilancia permanente para saber qué están haciendo y dónde están. Los padres deben, en especial cuando sus hijos son pequeños, ver el mundo a través de sus ojos.

Cuando los padres vean algo que piensen podría tentar a sus hijos, deben supervisarlo de muy cerca. Otra alternativa será mantener a los niños ocupados para salvaguardarlos de travesuras graves.

Palabras que funcionan
Nunca diga nunca . 
La palabra “nunca” es incomprensible para los niños. En lugar de decirle “nunca corras en la calle”, será mejor decirle “estamos en la calle así que debemos tomarnos de la mano para caminar”.

Utilice lo positivo . Prevenir a los niños en edad preescolar diciendo no hagas tal o cual cosa es ponerles un idea en su cabeza. Cuando decimos “no toques nada en el almacén”, el niño o la niña sienten gran curiosidad por hacerlo. Mejor diga algo como “puedes mirar con tus ojitos y no con tus manitas”.

Redireccione su energía . Si su hijo rompe un florero porque chocó su triciclo en la mesa de la entrada, explíquele que no quiere tener sus cosas dañadas ni rotas, así como a él tampoco le gustaría que su triciclo se dañe y no lo pueda usar. Enséñele juegos que pueden hacerse dentro de casa y hágale
entender que el triciclo es para exteriores.

Premie lo bueno . Diga “creo que es fabuloso que quieras ayudarme a llenar la bañera pero la próxima vez deja que sea mamá quien coloque la espuma de baño”.