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El descubrimiento de una vocación

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vocacionesPapá y mamá son orientadores vocacionales de primera línea.

Algunos niños llaman la atención por la intensa actividad física que despliegan, otros por su inmensa curiosidad o porque pasan horas enteras dibujando, armando o experimentando con objetos de su entorno, sin que nadie los impulse a ello.

Cuando observamos estas diferencias generalmente se las atribuimos a su temperamento o personalidad particular. De alguna manera asumimos que esa es su “forma de ser”, su individualidad. No es posible aún, y quizás nunca llegue a serlo, rastrear el proceso de desarrollo de una persona con tanta precisión que podamos finalmente decir qué sector de su comportamiento obedece directamente a su código genético y qué sector ha sido moldeado por la interacción con el medio ambiente.

Lo cierto es que en cada momento de su desarrollo lo que un niño es depende de la interacción de ambos tipos de factores.

Las experiencias sociales, incluidas aquellas que tienen lugar en el contexto familiar, ejercen una gran influencia sobre el desarrollo de la personalidad, pero esta influencia es necesariamente limitada por el temperamento particular de cada niño, de tal manera que también ocurre lo contrario: el temperamento de los niños influye sutilmente sobre el ambiente social que se genera a su alrededor: las prácticas de crianza de un niño hiperactivo son diferentes de las utilizadas con un niño calmado y reflexivo.

Los niños influyen sobre la manera cómo sus padres los educan. Esto no solo es natural sino deseable. En realidad, un aporte esencial que pueden hacer los padres a sus hijos es impulsar y respetar el desarrollo de su individualidad.

Respaldar sus proyectos
Todos los niños muestran curiosidad por aprender; sin embargo, no todo llama su atención en la misma medida. Algunos muestran desde pequeños inclinación hacia la música, otros se divierten hojeando libros y comentándolos con sus padres, otros disfrutan mucho de actividades al aire libre y del contacto con plantas y animales.

En estas preferencias ocasionales puede estar la semilla de lo que posteriormente constituirá su pasión en la vida. Con frecuencia, los niños pedirán a sus padres apoyo o compañía para llevar a cabo alguna actividad que les gusta. A veces estos intereses espontáneos duran poco tiempo. Si les despoja de la iniciativa obligándolos a invertir su tiempo en aprendizajes que les disgusta, se obstaculiza el desarrollo de la autonomía.

Lo usual es que lleguen a “odiar” aquello que se los obliga hacer. ¿Cuántos niños no “detestan”  el piano porque sus padres, con el pretexto de involucrarlos en la vida cultural, los obligan a practicar en él cada día de la semana? Lo peor es que con el tiempo pueden llegar a conformarse con lo que se les ha impuesto y ya no sabrán muy bien si lo que hacen lo hacen porque quieren o porque se sienten presionados. Respetar los planes y motivaciones de los niños es una manera de prepararlos para descubrir sus propia vocación en la vida, aquello a lo cual dedicarán una gran parte de su tiempo y energía y con lo que pueden llegar a obtener importantes satisfacciones.

Inducir a tomar decisiones propias
¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué me gusta o disgusta hacer? ¿Para qué “sirvo”?

Estas son preguntas que generalmente inquietan a los adolescentes. Aquellos que desde pequeños tuvieron oportunidad de compartir su tiempo, decorar su habitación etc., alcanzan un mejor conocimiento de sí mismos, de sus límites, de sus capacidades y preferencias, de lo que puede o no suceder como consecuencia de las decisiones que tomen personalmente.

Como resultado contarán con mayor información y experiencia para orientarse en los momentos en que tengan que tomar decisiones, lo harán más fácilmente y es probable que lo hagan adecuadamente. Algunos padres creen que sus hijos pequeños no están en condiciones de decidir apropiadamente sobre muchas  cosas que les competen y prefieren tomar las decisiones por ellos, sin siquiera consultarles.

Es posible que así logren resultados más “perfectos” o más rápidos, quizás liberen a sus hijos de equivocaciones o contratiempos, pero les están transmitiendo un mensaje de desconfianza, a la vez que los privan de oportunidades valiosas para aprender partiendo de su propia iniciativa.