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Deberes para con Dios

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Hombre inculto no intentará jamás elevar su pensamiento más allá de las circunstancias materiales que lo rodean y que las exigencias materiales que lo rodean y de las exigencias inmediatas que la vida le impone; pero un hombre civilizado tendrá siempre, cada día en medio de las mayores agitaciones su existencia aunque sea un minuto disponible para recogerse interiormente y elevar su alma al Creador en actitud de gratitud o de súplica.

Por lo tanto en una sociedad cristiana y civilizada, el deber primero de sus integrantes debe ser elevar su mente hacia Dios, a mañana y noche, por medio de alguna oración mental o memorizada(o como su corazón se lo inspire espontáneamente) para dar gracias a Dios por los beneficios de El recibidos durante el día o la noche que acaban de pasar, o por lo que se esperan en adelante, y muy particularmente por el de la salud y la vida, y por pertenecer a una familia, por tener una patria y por vivir en un mundo lleno de maravillas. Aunque no seamos católicos, ni protestante ni pertenezcamos a religión o secta alguna, esta sencilla práctica diaria ennoblecerá a quien ella lo ejercite, y lo hará más apto para vivir en sociedad.

Por aquí comenzará lo que se llama tener una buena educación. Lógicamente, esta actitud de adoración al Ser Supremo deberá traducirse, en la vida diaria, en una conducta de respeto hacia las ideas y las prácticas religiosas de los demás, así como de consideración para quienes, por ocuparse del culto a la Divinidad, lleva la investidura sacerdotal.

La buena educación es por este motivo opuesta en principio a toda discusión o polémica sobre temas religiosos, como no sean llevadas por lo alto, desde la cátedra, todas manifestaciones de animosidad, y con mayor razón de burla contra los representantes de las distintas religiones y sectas no contrarias a la moral.

En esta manera, lo indicado para la generalidad de los jóvenes es guardar respetuosa distancia y discreto silencio, dejando la discusión de asuntos tan complejos para las personas verdaderamente ilustradas sobre el particular. No deberá olvidarse cuando de asuntos religiosos, se trata que es preferiblemente callar lo que sabemos, a exhibir nuestra ignorancia.